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Home Mujer y Violencia Novedades 24 horas en una Comisaría de la Mujer

24 horas en una Comisaría de la Mujer

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 "cuando el hombre pierde el control, en verdad, está tomando el control"
Testigos del infierno. Una cronista y una fotógrafa de Clarín escucharon el viernes relatos de mujeres golpeadas por sus parejas o ex parejas. Fue en la seccional de Malvinas Argentinas. Allí se hacen 50 denuncias por día
Permiso, dice, y se sienta. Como si fuese un rosario, tiene el celular apretado entre las manos. Del otro lado del escritorio la psicóloga le sonríe. Lo primero que va a contar es por qué vino: — ¿Estás en pareja?, le pregunta la psicóloga.
— No, me separé hace tres meses. Me pegó feo en el patio. Los chicos miraban. Pero no tengo trabajo y volví; siempre vuelvo.
— ¿Había violencia verbal? — No … lo normal. “Puta’, ‘Andá, que te dé tu macho’, eso.
— ¿Te amenaza? — Siempre me dice “donde te enganche, te mato”. Antes aceleraba a fondo cuando llegaba a una avenida y me decía: “Yo me mato pero vos te venís conmigo”.
— ¿Violencia sexual? — Tengo 33 años y 4 hijos. Si no tuve otro hijo es porque tengo atadas las trompas. Si vivo con él tengo que cumplir; si no, no me da una moneda.
— ¿Por qué decidiste venir? — Me llamaron del jardín. Mi nene le dijo a la maestra “quiero que me den algo para morirme”.
Quien pregunta es Susana Naccarelli, una de las psicólogas de la Comisaría de la Mujer y la Familia de Malvinas Argentinas, que abarca también la zonas de José C. Paz y San Miguel. Son 30 las comisarías de este tipo en la Provincia de Buenos Aires pero es ésta la que más denuncias por violencia contra la mujer y la familia recibe: unas 50 por día, de mañana, durante la siesta, de madrugada. Pero esta pequeña sala de espera nunca se llena tanto como los lunes: el día en que ellos vuelven a trabajar y ellas vienen a denunciar las palizas del fin de semana.
Cuando Laura –su nombre no es real– pide “permiso”, apenas está volviendo la calma a la comisaría. Hace minutos, de esta misma habitación, salió una mamá de la mano de su hija de 10 años: la nena acababa de contar que su padrastro la violaba desde los 7. Afuera está el fiscal que interviene ante delitos contra la integridad sexual.
Quien sigue es Mariana (36). Dice que creía que violencia era sólo la piña que se ve morada en el espejo. “Hace un mes que nos separamos. Primero se enojó, después se tatuó en el brazo que soy el amor de su vida. Me dice ‘sin ustedes me mato’ y cuando aflojo vuelve a mandarme esos mensajes: ‘te voy a descargar una 9’ o le dice al nene de 3 años ‘vení pendejo putito’. La psicóloga interrumpe: “Eso se llama violencia social. De a poco se van aislando, algunas mujeres hasta dejan de peinarse para que el hombre no crea que va a acostarse con otro cuando va a la verdulería”. Y le pregunta: “¿Violencia sexual? “Ehh … no”, dice Mariana. “Bueno, siempre me anda toqueteando y si le digo que no, se enoja. Mil veces me dejé con tal de que no me despierte de madrugada. ¿Eso es violencia sexual?”.
“Claro – dice Abel Coria, coordinador de la Dirección General de Políticas de Género provincial–. A veces las violan sus propios maridos pero como no es un desconocido, no registran que están haciendo algo en contra de su voluntad. Otras, sus parejas las obligan a ver películas pornográficas, a usar juguetes sexuales o a que participen otros de la relación”, describe.
Apenas sale Mariana, Patricia entra con su hija de dos años a upa. Tampoco sabía que la “violencia económica” también es violencia. ¿De qué trabajás?, le pregunta Susana. “De nada, soy ama de casa”, contesta. Susana le explica que ser ama de casa también es trabajar. “Viene a las tres de la mañana borracho y me dice ‘levantate que quiero comer’. Me da 20 pesos por semana para que comamos los 5, no entiende que no alcanza. A veces cuido viejitos. El me dice ‘ese trabajo de mierda que hacés’, pero después quiere que la plata del alquiler salga de ahí. Siempre fue así pero yo hice ‘el clic’ el día que metió a unos tipos a tomar en la casa y le dijo a la nena ‘vení a darle un besito a los tíos”.
A veces sólo buscan contención en secreto; otras, quieren denunciarlos. Recién cuando las denuncias se elevan a la Fiscalía, la víctima puede pedir la exclusión del hogar o “el perímetro”, es decir, que el agresor no pueda acercarse. Pero, se sabe, hay quienes los denuncian una y otra vez. El ejemplo es el de la mujer a quien su ex marido, disfrazado de abuelo, le pegó tres tiros: lo había denunciado 20 veces. “Muchas denuncias por amenazas quedan archivadas por falta de pruebas. Y las amenazas son el primer eslabón del femicidio”, advierte Naccarelli. A todas se las invita a un grupo de reflexión para que adopten herramientas y comprendan que no están frente a “un loquito” sino que, cuando el hombre pierde el control, en verdad, está tomando el control.
Laura, la chica del celular apretado como un rosario, acaba de irse. Antes, el bendito celular había sonado. “Permiso, atiendo, es mi hija”, pidió. Pero no era ella. Era su ex marido que ahora le roba el teléfono a su hija para encontrarla. La psicóloga gira y cuenta bajito: “Siempre recuerdo un casamiento al que fui hace dos años. ‘El amor todo lo soporta’, dijo el cura. La novia sonrió”.
 
05/09/10
 
 
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