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Julieta Lanteri

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 Pionera del sufragio femenino en Argentina
“Los derechos no se mendigan….se conquistan, ese es el espíritu que nos anima a continuar la lucha”

“Mis actos son una afirmación de mi conciencia que me dice que cumplo con mi deber: una afirmación de mi independencia que satisface mi espíritu y no se somete a falsas cadenas de esclavitud moral e intelectual, y una afirmación de mi sexo, del cual estoy orgullosa y para el cual quiero luchar”

 “En el parlamento una banca me espera, llevadme a ella”

Las Primeras Médicas Argentinas

A fines del siglo XIX optar por una profesión reservada al sexo masculino, como lo eran las Ciencias Médicas, fue una decisión de mujeres desafiantes y atrevidas, así Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Petrona Eyle, María Teresa y Leonor Martínez Biso y quien nos convoca Julieta Lanteri, médica graduada en el país aprobando su tesis doctoral en 1907 con 8 puntos, siendo la primera italiana en alcanzar un título universitario en Argentina.

Desarrolló una intensa carrera, puesta al servicio de la salud física y mental de sus semejantes, se especializó en enfermedades psíquicas de la mujer y el niño. A la par luchaba por lo que constituyó su mayor afán: lograr el sufragio femenino en nuestro país y el derecho de la mujer a los cargos electivos, haciendo de ello un verdadero apostolado.

Su llegada al país

 Julieta Lanteri, había nacido en Italia en 1873 y llegó con su familia a Buenos Aires al cumplir 6 años, cursó sus estudios primarios y al comenzar la escuela secundaria se inscribió en el Colegio Nacional de la Plata, siendo la primera vez que en aquel establecimiento se permitía en sus aulas la asistencia de una mujer.

 Los italianos constituían la inmigración más numerosa en la Argentina. Representando los 492.636 integrantes de esa colectividad el 48% del total de extranjeros en 1895. Si bien tenían oficios muy variados, solo el 1% ejercía profesiones liberales.  Julieta pertenecía a este reducido porcentaje.

 En 1896, ingresó a la  Facultad de Medicina, al finalizar la carrera peticionó su adscripción a la cátedra de enfermedades mentales, la que le fue negada “porque al ser italiana no reúne los requisitos” .


Su lucha
 
En 1910 Julieta Lanteri de Renshaw inició ante el Juzgado Nº 4, Secretaría 8 el trámite para solicitar la ciudadanía argentina. El juez federal interviniente falló favorablemente y entre otras consideraciones, hizo una comparación con las sociedades más avanzadas como Estados Unidos e Inglaterra, donde las mujeres tienen derechos políticos y civiles “sin llegar a los extremos de las feministas”, y finalmente se refirió al derecho constitucional que la asistía en su pedido.

No obstante, el procurador fiscal de primera instancia se opuso, aduciendo que la ley 346 sobre ciudadanía de 1869 no establecía que en el caso sujeto a análisis y decisión  la mujer pudiese obtener carta de ciudadanía porque por nuestras leyes, le estaba vedado el ejercicio de los derechos políticos.

 Julieta Lanteri apeló el fallo y el procurador fiscal  aconseja a V.S. revocar el auto apelado a fs.5 con el fundamento de que al ser casada no puede estar en juicio sin autorización marital, según lo dispone el art. 108 del Código Civil.

Recordemos, que recién en 1926 se sanciona la ley 11.357 que otorga los mismos derechos civiles a las mujeres que los que cuenta el varón mayor de edad. Anteriormente a dicha norma el criterio imperante era el que consideraba como incapaces de hecho a las mujeres, especialmente a las casadas.

Venciendo este obstáculo, su marido Alberto Renshaw autorizó las actuaciones de su esposa y fue así como el Fiscal de Cámara Horacio Rodríguez Larreta se pronunció a favor de la ciudadanía, argumentando que ni la Constitución Nacional ni la ley limitaban el derecho a la naturalización en función del sexo. En este mismo sentido se pronunció la Cámara Federal en sentencia unánime y le extendió la carta de ciudadanía le 15 de julio 1911. 


La primera mujer sufragista

El 16 de julio de 1911, fue a inscribirse al padrón electoral de la Ciudad, aprovechando que había un reempadronamiento. Quería votar el las elecciones venideras para renovar el Consejo Deliberante. Julieta mostró al empleado su carta de ciudadanía y una copia de la ley 5098 que disponía que se renovara el padrón de la Capital Federal cada cuatro años y que en su artículo 7ª establecía como condiciones para inscribirse en el registro: ser ciudadano mayor de edad, saber leer y escribir, presentarse personalmente a realizar el trámite, haber pagado impuestos comunales por valor de 100 pesos como mínimo o ejercer alguna profesión liberal dentro del municipio y tener domicilio en la Ciudad por lo menos desde un año antes. Julieta reunía varios de los requisitos y el hombre no pudo negarse a incorporarla y le entrega una boleta con el siguiente texto:

“Inscripción Municipal. Sección 2ª, Mesa 1.Doctora Julieta Lanteri de Renshaw, de nacionalidad naturalizada, profesión médica. Domicilio en calle Suipacha Nª782 y que paga impuesto…. De $.... ha sido inscripta bajo en Nº 80”.

El 23 de noviembre de 1911, Lanteri votaría en la Iglesia de San Juan  frente a la mirada estupefacta de los varones, convirtiéndose en la primera mujer en sufragar del país y –según algunos historiadores-, de Latinoamérica.

El presidente de mesa Adolfo Saldías le manifestó su satisfacción por haber firmado la boleta de la primera mujer sufragista sudamericana. Faltaban 40 años para la sanción de la ley 13.010 que permitiera votar a las mujeres argentinas .

A esta altura, no puede dudarse de que Julieta era una minuciosa estudiosa de la legislación, a la que dedicaba tiempo a fin de buscar una hendidura donde filtrar su reclamo.


Desarrollo profesional de la mujer argentina

La actividad social de las mujeres  de la “haute” argentina era  limitada. La riqueza las había recluido en el aislamiento de una jaula dorada. Ninguna niña de familia conocida podía tener la veleidad de trabajar fuera del hogar o de seguir una carrera universitaria. 

Las mujeres de clase media y solteras podían ser empleadas, oficinistas o vendedoras de tiendas, más no se concebía a una madre de familia trabajando fuera de casa.

En cambio, la juventud masculina de buen tono, estudiaba, actuaba en política, se jactaba de que sus amantes y queridas fueran cantantes de ópera, actrices y tonadilleras, bailaba en los peringundines y rivalizaba con los compadres orilleros en cuestiones de coraje. 

Solo pocas pioneras como Julieta Lanteri se atrevieron a ingresar en la vida profesional.

Su lucha por cambiar la situación social de la mujer, conquistar derechos jurídicos que la igualara al varón, dignificar sus condiciones laborales, permitirle el acceso al mundo de la política, era desde hacía tiempo el derrotero de Julieta.


Es entonces que  funda en 1904 junto con la Dra. Cecilia Grierson -la primera médica argentina-,  la “Asociación de Universitarias Argentinas” con el objetivo de que más mujeres accedan a la educación universitaria y practiquen las profesiones y especialidades elegidas.

En 1907 en una conferencia dada en la Asociación Obstétrica Nacional la Dra. Lanteri manifiesta:

“La influencia del varón se ha dejado sentir siempre, y en todas las cosas y en su infinita pequeñez la mujer ha sido llamada a crear nada y ni siquiera a mejorar aquellas cosas más íntimas de su exclusiva incumbencia “el trabajo de su parto”.


 “Fácilmente sugestionable, ha sufrido más intensa y largamente la influencia de las doctrinas filosóficas que las religiones han llevado a los pueblos, y su ingénita debilidad material la ha tenido alejada del movimiento y de la lucha por la vida cuyas asperezas templan y forman el carácter, y abren al espíritu horizontes nuevos”.


 “Esa vida de indiferencia y de abandono, ha obligado a la mujer a ver y a sufrir el dolor de su consexual con una estoicidad rayana en la inconciencia, y es de creer que jamás habría reaccionado a no haber llegado la oportuna intervención del varón ya directa o indirectamente”


“El hombre piensa, estudia y trabaja y jamás siente saciedad del saber ¿por qué la mujer se detiene? …. De ninguna manera se debe admitir esto y la prueba está en que un despertar placentero se manifiesta en la vida de las mujeres en general, y las hace entrar de lleno en la evolución y el progreso”. 


Primer Congreso Femenino Internacional y Primer Congreso Mundial del Niño

A su propuesta, se organizó el Primer Congreso Femenino Internacional “…para festejar el Centenario de la libertad argentina y que se celebrará en la misma fecha…”  del que fue su Secretaria y en el cual actuó además como delegada de la Junta Central de la Liga Nacional de Mujeres Librepensadoras.

Se aprueban las mociones presentadas por la Dra. Lanteri:

“…que los huérfanos no sean objeto de explotación”  “que las herencias vacantes queden a beneficio de la infancia abandonada” “que la mujer es apta para ejercer sus derechos políticos y civiles”, el Congreso hace votos para que se le reconozca el derecho al sufragio” 

Organizó el “Primer Congreso del Niño” que se reunió en Buenos Aires, por primera vez en el mundo, siendo su presidenta y realizando una de sus más bellas aspiraciones, fundó y presidió la  “Liga por los Derechos del Niño” en 1912.
Como se evidencia, el período que va desde 1910 a 1930 fue muy pródigo en asociaciones femeninas. La Dra. Alicia M. de Justo crea la Revista Nuestra Causa, Julieta Lanteri funda en 1911 la “Liga Pro derechos de la Mujer”; junto a Alfonsina Storni, Carolina Muzzili, y Alicia M. de Justo forman la “Liga contra la trata de blancas” dirigida por Petrona Eyle.
La trata de blancas era un verdadero flagelo a fines del siglo XIX, Buenos Aires era conocida internacionalmente como un tenebroso puerto de mujeres desaparecidas y vírgenes europeas secuestradas que se veían obligadas a vender su cuerpo y a bailar el tango. Algunas de sus víctimas escaparon a la servidumbre sexual, y más tarde refirieron aterradoras historias de seducción y maltrato.

Las casas de baile en el centro de Buenos Aires, nombre eufemístico para designar a los prostíbulos, los compadritos, al compás de una orquesta precaria, ensayaban las figuras del baile  “de quiebre”. 

 La sola mención de Buenos Aires hacía temblar a muchos europeos. En Inglaterra y otros países europeos se aconsejaba a las jóvenes, incluso a las que no tenían intenciones de emigrar, no salir solas de noche. Se les decía que no era conveniente viajar en tren a las ciudades en busca de trabajo, porque podían ser secuestradas y enviadas al extranjero para terminar en algún burdel argentino. Curiosamente, la inmensa mayoría de las imágenes de mujeres bailando el tango, vienen de Europa.

La prostitución era una actividad rentable en países de inmigración reciente y con mayoría de población masculina. Se estima que en Buenos Aires, había entonces unas 10.000 mujeres ocupadas en ese triste oficio.


Al respecto, la Dra. Lanteri expresó en el Congreso Femenino Internacional

 “La prostitución femenina es para la mujer moderna su mayor dolor y su mayor vergüenza”

“Considero que la prostitución debe desaparecer, pues, la educación racional que se dé tanto al varón como a la mujer y que está ya en los programas de caso todos los gobiernos, dará a la humanidad del futuro el convencimiento de que en su evolución ascendente hacia un ideal de sinceridad, de pureza y de amor, el hombre, en sus dos manifestaciones sexuales, tiende a aprender a dominar sus instintos, que hoy por hoy lo igualan a la bestia, para llevarlo al desarrollo de sus facultades más nobles que están en las esferas del pensamiento y del sentimiento, únicas facultades que caracterizarán y que caracterizan ya, al verdadero hombre.”

“Formulo un voto de protesta contra la tolerancia de los gobiernos al sostener y explotar la prostitución femenina y que no se preocupan de extirparla.” 


En el Parlamento una banca me espera….

La propuesta del sufragio secreto de la ley electoral nacional  conocida como Ley Sáenz Peña, según el padrón militar, tendía a evitar cualquier injerencia del gobierno en los comicios, mientras que el carácter obligatorio del sufragio –que Sáenz Peña tradujo en el enfático imperativo de “¡Quiera el pueblo votar!”- apuntaba a incorporar a la ciudadanía a una masa de gente que, pese a la prédica de radicales y socialistas, no manifestaba espontáneamente mayor interés en hacerlo.  Pero en modo alguno incluía a las mujeres.

Por su parte, el Consejo Deliberante de la Capital Federal, sancionó una ordenanza donde especificaba clara y expresamente que estaba prohibido el voto de las mujeres porque el empadronamiento se basaba en el registro de empadronamiento del servicio militar.

En vísperas de los comicios nacionales de 1919, Julieta descubre que su nombre no figuraba en los padrones. Se dirigió junto a un grupo de mujeres a los Registros Militares de las secciones segunda y cuarta de la Capital Federal para solicitar ser enrolada, pero los militares rechazaron sus solicitudes al igual que el Ministro de Guerra. 

Acudió a la justicia nuevamente más su planteo es considerado inadmisible por nuestros tribunales con el argumento de que debía exhibir la libreta de enrolamiento, un documento exclusivamente masculino.
  
La negativa no la amedrentó, por el contrario presentó una nota a la Junta Electoral en la que señaló:

“Siendo ciudadana argentina, por nacionalización y, en virtud de sentencia de la Corte Suprema no figura mí nombre en el padrón electoral, no obstante las gestiones que he realizado con tal propósito. Creo sin embargo, que ello no constituye impedimento alguno para la obtención del cargo de diputado, y ya que la Constitución Nacional emplea la designación genérica de ciudadano sin excluir personas de mi sexo, no exigiendo nada más que condiciones de residencia, edad y honorabilidad, dentro de las cuales me encuentro, concordando con ello la ley electoral, que no cita a la mujer en ninguna de sus excepciones”. 

En 1919 Lanteri funda el Partido Feminista Nacional, en cuya plataforma publicada en la Revista Nuestra Causa establece “Derecho de sufragio para la mujer argentina y extranjera contribuyente…”  y en abril de 1919 habiendo logrado que la Junta oficialice sus boletas, que sean admitidos sus representantes en la reunión de apoderados de partidos, y que se declaren válidos y se computen los votos que obtenga.

En su primer acto de campaña en el salón Agusteo ubicado en Sarmiento 1367 manifestó:

“Mis actos son una afirmación de mi conciencia que me dice que cumplo con mi deber: una afirmación de mi independencia que satisface mi espíritu y no se somete a falsas cadenas de esclavitud moral e intelectual, y una afirmación de mi sexo, del cual estoy orgullosa y para el cual quiero luchar”.

“Y aquí está esta mujer que se proclama a sí misma candidata a diputado nacional, que aspira a esa banca en el parlamento y que pide a sus conciudadanos que la lleven a ella.”

Prosiguió su campaña en las calles, hablando en las esquinas y también en los intervalos de las funciones del cinematógrafo. Empapeló la ciudad con afiches siendo su slogan: “En el parlamento una banca me espera, llevadme a ella”.
Protagonizó simulacros de votación femenina, participando en ellos más de 4.000 porteñas.
El programa electoral  de la Dra. Lanteri se completaba con la protección al niño huérfano, igualdad civil para los hijos legítimos y los conceptuados no legítimos,  divorcio absoluto, abolición de la prostitución reglamentada, abolición de la venta de bebidas alcohólicas, sufragio universal para los dos sexos, jubilación y pensión para todo empleado u obrero, abolición de la pena de muerte; y representación proporcional de las minorías en el orden nacional, provincial y municipal

El Comité Popular de La Boca, dos comités femeninos y uno de jóvenes de La Boca y Barracas la apoyaron en su campaña. Fue respaldada además por la Unión Feminista Nacional presidida por la Alicia Moreau y por el Comité Pro Derechos de la Mujer.


Es así como para las elecciones del 7 de marzo de 1920, la Dra. Lanteri obtuvo 1.730 votos masculinos, entre ellos del escritor  Juan Manuel Gálvez quien confesó “como no quería votar a los conservadores ni por los radicales, prefirió apoyar a “la intrépida Doctora Lanteri.

La periodista de mérito Adelina di Carlo en la Revista Nuestra Causa expresó:

 “La Dra. Lanteri, haciéndole frente a ese espantapájaros que se llama ridículo y que tanto temen los pobres de espíritu, se lanzó a la lucha política en el año próximo pasado y en el presente proclamándose candidata a diputado. Aunque su actitud ha encontrado resistencias, aunque el electorado no haya respondido como debía, porque solo ha sabido tener como ideal los intereses de partido, nada le importa. Ella saldrá de nuevo a la palestra para disputar votos en las próximas elecciones municipales….” 

Hasta 1930 siguió sosteniendo batalla política, presentándose como candidata a diputada en las elecciones nacionales de 1924 y 1926 respectivamente por el Partido Feminista Nacional pero la cantidad de votos obtenidos no fueron suficientes para alcanzar la banca deseada y por demás merecida.

Su inesperada desaparición física

Julieta Lanteri murió a los cincuenta y nueve años en un extraño accidente, en el que fue atropellada por un automóvil el 23 de febrero de 1932, a las tres de la tarde, en la esquina de Diagonal Norte y Suipacha.

Su desaparición, que bien pudo tratarse de un asesinato político, causó conmoción en la ciudad.

 “La Doctora Lanteri puso al servicio de su causa toda su energía moral, la sinceridad de sus convicciones, la bondad de su carácter así como su inteligencia, constancia y dinamismo a toda prueba… ”

“Su labor superó las dificultades y la incomprensión de una época todavía no preparada para aceptar otro rol de la mujer que no sea como madre y ama de casa.”

“Cuando el feminismo argentino, hoy ya despierto y de pie, ocupe el lugar que le corresponde en la discusión y manejo de los intereses públicos, el recuerdo de la doctora Lanteri se irá agrandando en el agradecimiento de las mujeres hasta adquirir la estatura de precursora que legítimamente le corresponde”.


  Revista Obstétrica Año V T.V 1907 Conferencia en Asoc.Obst. Nac. “Moral Obstétrica” Biblioteca de la Facultad de Medicina,  p 135/151
   María Sáenz Quesada “La Argentina Historia del país y de su gente” p.393.
  “Todo es Historia”, Nº 278, Agosto  1990, p.76.
  Archivo Federal de Tribunales. Legajo Nº 6.893


  “Todo es…. ”, cit  p.78.
  María Sáenz Quesada,  “La Argentina ...., cit. p. 452
  Felipe Amadeo Lastra. “Recuerdos del 900”. Huemul 1965, p.20 y ss.
  Revista Obstétrica, cit. p 135/151
  “Primer Congreso Femenino Internacional” Biblioteca de la Facultad de Medicina , Acta Nª18,22/5/1908
  “Primer Congreso…. Cit. P.298/299, 415
  Sáenz Quesada, “La Argentina Historia ..., cit., p. 418
  Silvia Dopacio,  “Las ultimas grelas, historia de la inmigración en Argentina”, Margarita, Pag. dedicada a la Mujer Argentina.
  Biblioteca de la.... “Congreso Femenino,..., cit.,  p. 298/9.
  Luis Alberto Romero, “Breve Historia Contemporánea de la Argentina 1916/1999” Fondo de Cultura Económica, Segunda Edición,  p.35
  Nuestra Causa, año I Nª5,  Bs.As. 10/9/19.
  La Nación, 18-3-1919, p.8
  La Prensa, 16-3-1919,p 9
  Nuestra Causa,  Año II Mayo 1920 Nª13  pag.10
  Revista Semana Médica, 10 de marzo de 1932 , Biblioteca de la Facultad de Medicina.
  Dra.María Beatriz Sosa, “Julieta Lanteri”, para gineconet.com
  “El Diario”, 25 de febrero de 1932, p. 3


A su memoria este homenaje.

Dra. Patricia Mónica Edith Di Mango
Abogada
Profesora en Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales

Fuente: http://www.agendadelasmujeres.com.ar/

 
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