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Home Mujer y Violencia Reflexiones “Hemos hecho mucho en sólo dos años y medio de trabajo”

“Hemos hecho mucho en sólo dos años y medio de trabajo”

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La jueza de la Corte Suprema de Justicia Carmen Argibay realiza en esta nota un balance del trabajo de la Oficina de la Mujer (OM) de la Corte que preside desde el 2009: capacitaciones en género para casi el 30% del personal del Poder Judicial de todo el país y para otras oficinas del Estado; un Mapa de Género que verifica que llegar a los cargos más altos aún tiene muchas limitaciones para las mujeres; y apertura de conciencia sobre el sexismo de las prácticas y de los fallos judiciales, entre otros logros. Y anticipa proyectos: la posible ampliación de las capacitaciones al MERCOSUR y al resto de América Latina y una propuesta de licencia por paternidad que equipara el tiempo que podrán tomarse mujeres y varones para disfrutar y ocuparse del cuidado de hijas e hijos. “Hay que darse cuenta de que las mujeres tienen diferentes necesidades, diferentes formas conceptuales y diferentes maneras de recibir el trato. Que una cosa es la igualdad de derechos y otra la igualdad de formación y de necesidades” enfatiza.

¿Qué evaluación hace del proceso que viene dando la Oficina de la Mujer (OM) en la incorporación de la perspectiva y equidad de género dentro del Poder Judicial? 

- Estamos haciendo una evaluación muy favorable y positiva. La OM se creó en 2009. Empezamos armando un Mapa de Género de todo el Poder Judicial del país que se presentó en 2010, y que ahora está mejorado porque se pueden incorporar datos y modificar las integraciones por Internet. A partir de ese mapa demostramos algo que ya sabíamos: que las mujeres eran mayoría en el Poder Judicial en cuanto a personal, pero que a medida que íbamos subiendo en la escala de puestos cada vez había menos. El famoso techo de cristal. Entonces, la idea fue que la OM empezara a dar cursos de capacitación en perspectiva de género para el Poder Judicial para evitar que las mujeres sean discriminadas y que puedan acceder a los cargos.

-¿Cuáles fueron los resultados?

-Espectaculares: se sumaron todas las jurisdicciones, hubo replicadores en todas partes y se hicieron talleres que, como siempre digo, tuvieron un “efecto despertador”, porque al principio la gente venía con mucha resistencia a los talleres, no querían saber nada con todo eso. Sobre todo las mujeres, que decían: “Si yo pude llegar, cualquiera puede llegar”. Y a raíz del taller se dieron cuenta de que no era tan así y que muchas veces la llegada de alguien se produce por distintas circunstancias y no por méritos personales. Entonces empezaron a recapacitar y a ver que la cosa era diferente. A partir del éxito que tuvimos dentro del Poder Judicial empezamos a ampliar a los otros poderes del Estado y a otras ramas que tienen que ver con el Poder Judicial. Capacitamos a personal del Ministerio Público de Defensa, del Ministerio Público Fiscal, del Senado de la Nación y del Ministerio de Seguridad.

-¿Se desprendieron nuevos proyectos a partir de las capacitaciones?

-Empezaron por ejemplo a aparecer fallos que receptaban esta corriente al reconocer un problema de género en el tratamiento de tal o cual delito o cuestión. Estamos haciendo ahora un banco de datos sobre esto, y también nos acabamos de reunir con las altas autoridades de los poderes judiciales de las provincias y de las Cámaras Federales del interior para ponerlos al tanto sobre los temas relacionados con las mujeres que están todavía siendo materia de resoluciones conflictivas. Por ejemplo, en el tema de la violencia doméstica los civilistas quieren hacer mediación y los penalistas y laborales dicen que no. O, en el caso de los penales, discutir si la probation se le puede dar a alguien que ha cometido un delito violento contra una mujer en una cuestión de género. También surgió que a los jueces les resultaba más fácil entender la trata de personas para la explotación laboral que la trata de personas para la explotación sexual. Entonces, salvo que estuvieran involucradas menores, cuando las víctimas tenían la mayoría de 18 años nos encontrábamos con una resistencia fenomenal. Contra eso estamos peleando también. Además, nos vamos extendiendo a otros lugares. La semana pasada hicimos nuestra primera reunión con organizaciones de la sociedad civil que tienen que ver con los derechos y la violencia contra las mujeres, con el acceso a la justicia, con la perspectiva de género en general. Esto ha sido muy enriquecedor para nosotros porque nos da una perspectiva distinta a partir de gente que no tiene nada que ver con el Poder Judicial, que ve las cosas de otra manera y que puede hacer aportes novedosos para que mejoremos nuestra actuación. A la vez, contamos con el apoyo de Naciones Unidas, que en este momento está trabajando para que exportemos este programa a otros países de Latinoamérica. La OEA también está interesada en que esto se divulgue. Hay otro programa para entrar con el tema al MERCOSUR. Así que en realidad nos sentimos satisfechos, porque se ha hecho mucho en solo dos años y medio de trabajo.

-¿Tienen algún registro sobre si concurren más hombres o mujeres a estas capacitaciones? ¿Y la convocatoria es opcional u obligatoria?

- La concurrencia es variable, depende de las zonas. Y en algunos casos la convocatoria es opcional, pero otras Cortes o Cámaras del interior lo han hecho obligatorio para su gente. Yo creo que los Tribunales y las Cámaras de cada lugar son los que conocen mejor las modalidades de la gente como para saber si conviene más hacerlo obligatorio u opcional. A mí siempre me gustan las cosas que la gente hace por propia voluntad y no obligada, pero si ellos creen que es la forma de hacerlo me parece bien porque ha tenido buen resultado.

-Durante la apertura del “Encuentro de Altas Autoridades judiciales sobre estándares nacionales e internacionales en temas de género”, usted manifestó que el lenguaje en las sentencias judiciales es sumamente importante. ¿Por qué?

- Sí, claro, porque el lenguaje durante mucho tiempo fue sexista. Las leyes las hacían los hombres, no se consideraban para nada las necesidades de las mujeres. Cuando te llegaba un juicio donde una de las partes era una mujer el tratamiento era exactamente igual al de los hombres, cuando en realidad no puede ser igual, porque una cosa es la igualdad de derechos y otra la igualdad de formación y de necesidades. Por ejemplo, en la Facultad de Derecho un mismo año se reciben juntos un varón y una mujer. La mujer empieza a trabajar y al tiempo se casa, tiene hijos y problemas para ocuparse del hogar. La “doble escolaridad”: trabaja a la mañana de abogada y a la tarde de ama de casa, maestra, niñera, enfermera, lavadora, cocinera y todo lo demás. El varón, en cambio, tiene tiempo libre para hacer cursos, cursillos, maestrías y doctorados. Con lo cual el día de mañana, cuando la mujer decida que sus chicos ya son suficientemente grandecitos como para poder optar algún cargo más importante, se presentarán los dos y el currículum del varón estará lleno de cosas académicas que pudo hacer. Primera diferencia. Segunda diferencia: cuando van a optar por un puesto o un cargo a la mujer le preguntan si es casada, si tiene chicos, si se piensa casar o si piensa tener hijos. Porque, claro, viene todo el tema de las licencias por maternidad y de atención del chico. Cuando a mí me dicen que los más jóvenes ahora colaboran mucho… no es una cuestión de ayudar, es una cuestión de compartir. Tienen que compartir exactamente igual. Entonces, si un día la mujer lo lleva al dentista la otra vez lo tiene que llevar el padre. Además no saben lo que se pierden, porque compartir el crecimiento de la evolución de los hijos es muy importante y muy lindo. Nosotros hemos propuesto un sistema de licencias que contemplan las licencias por paternidad también, con el mismo tiempo de licencia para las madres. De manera que ese argumento se caiga de una vez por todas. Acá ha pasado muchas veces que tenías que prometerle al que te iba a nombrar que no te ibas a quedar embarazada por no sé cuánto tiempo. El argumento es ese, las licencias y la atención del chico. Entonces, si nosotros les ponemos, en plan de igualdad a los varones, una licencia para la atención de los hijos ese argumento se acabó. Es una forma de limitar las contras y la idea de que evidentemente hay cosas que necesitan ser tratadas de otra manera.

-También dijo en ese evento que contar con la participación de juezas y jueces en el proyecto de la OM beneficia principalmente a quienes se arb3acercan a la justicia para resolver sus problemas. ¿De qué manera el Poder Judicial impacta en la vida de una mujer?

- Impacta en muchas formas. En primer lugar, todas las partes de la familia son importantísimas en la vida de las mujeres. Además, existe la violencia económica que hace que las mujeres ganen menos o que el marido tenga el control de los bienes. Al acceder a la justicia en esa situación de inferioridad tienen menos chances en la elección de un abogado por ejemplo, porque un muy buen abogado influyente cuesta mucha plata. En los juicios penales ni hablemos. Recién ahora se está empezando a asentar como dato importante si la víctima de una lesión o de un homicidio es una mujer. Por otro lado, el tratamiento de las mujeres en la justicia también era distinto. Por ejemplo, si un señor denunciaba el robo de su auto todo el mundo le creía sin ningún problema. Iba a la policía, le tomaban la denuncia e iniciaban la investigación. ¿Cuántas veces ha habido estafa de seguros con eso? En cambio, una mujer denunciaba una tentativa de violación u otra violencia física, y había que averiguar si no estaba denunciando falsamente. Todas las denuncias de las mujeres son consideradas con sospechas de entrada. A lo hombres no les pasa esto. A nadie le gusta estar sentada frente a un juez, o frente a un tribunal o fiscal que le está diciendo todo el tiempo: “¿No me estás mintiendo?”, “¿Estás segura de que es así?”, “¿No estás fantaseando con que te quisieron violar?” Es durísimo. Pasa también con las víctimas de trata cuando logran escapar. En primer lugar no les creen porque las mujeres son todas mentirosas. Segundo: no tienen documentos, porque lo primero que les sacan son los documentos. Tercero: si viene de otro país probablemente es una ilegal. Cuarto: generalmente son drogadictas, porque las introducen en la droga. Y quinto: son prostitutas. Así que no se les puede creer. Una persona que ha escapado de semejante situación, está tratando de conseguir ayuda y se encuentra con esta pared, ¿qué puede hacer? Indudablemente hay una diferencia de trato fenomenal y es una de las cosas contra las que hay que luchar. Hay que darse cuenta de que las mujeres tienen diferentes necesidades, diferentes formas conceptuales y diferentes maneras de recibir el trato. Suele pasar con las víctimas de violencia doméstica que el resto diga: “¿Por qué no se fue?”, “¿Por qué esperó cinco años para denunciarlo?” Como si fuera tan fácil. Se entiende que en muchos casos no hay libertad de decisión para decir “me voy”. Porque además a dónde me voy, con qué me voy y quién me va a proteger.

-A partir de la modificación que se produjo a fines de 2012 agravando el homicidio por ser mujer o por identidad de género, ¿cuál es su opinión sobre el posible éxito de esta norma en disminuir los femicidios?

- Desde que existen los delitos de homicidio en todos los Códigos Penales del mundo no han disminuido los homicidios. Puede ser que tenga algún efecto el hecho de poner el homicidio como específicamente agravado, pero lo dudo. Dudo que las leyes tengan ese efecto retractor porque está a la vista, sigue existiendo. El Código Penal existe porque los delitos siguen existiendo. Los seres humanos son muy complejos. No creo que se elimine totalmente el delito por cuestiones de convencimiento de la gente. No creo que se logre nunca.

 Por Mariana Fernández Camachoarb1

COMUNICAR IGUALDAD

Pulicado por Sandra Chaher 

Publicado el 8 agosto, 2013

Fotos: Gisella Castro

Fuente: http://www.comunicarigualdad.com.ar/hemos-hecho-mucho-en-solo-dos-anos-y-medio-de-trabajo/

 
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